Eso, eso es lo que quiero, que me dirijan la batuta.Y yo mientras, solo mirarla en el aire de acá para allá y a un cierto ritmo como para poder seguirla.
La melancolía suplantó a la ira y ya no podía sentir nada más que una sombría e indefinida tristeza, como si todo lo que veía estuviera siendo privado lentamente de su color. La música del azar. Paul Auster
CUANDO NO HAY MAS QUE DECIRNOS HABLA EL HUMO, NADA EL HUMO Y REMA EN ESPIRAL CUANDO NO HAY MAS QUE DECIRNOS SE ABREN AL AIRE VACIOS QUE DOS NO PUEDEN RESPIRAR PARA DESVANECERSE ALARGANDO EL DESPUES TRAYECTORIA SIN FINAL DISTANTE PLACER DE UNA MIRADA FRENTE A OTRA ESFUMANDOSE... CUANDO NO HAY MAS QUE DECIRNOS ME HAGO UNO CON EL HUMO SERPENTEANDO LA RAZON. DE TODO AQUELLO DECIDIDO SE ESTIRA EL TIEMPO Y ME OLVIDO ME OLVIDO COMO VOS. Y EN LA ESFERA VAGAMOS INDIFERENTES POR EL ESPACIO QUE DEJO PARA DESVANECERSE ALARGANDO EL DESPUES UNA HISTORIA SIN FINAL DISTANTE PLACER, DE UNA MIRADA FRENTE A OTRA ESFUMANDOSE...
Así que, así que crees que puedes distinguir el paraíso del infierno, cielos azules del dolor ¿Puedes distinguir un campo verde de un frío raíl de acero? Una sonrisa de un cumplido, ¿Crees que puedes distinguir?
Y ¿Consiguieron transformar tus héroes por fantasmas? ¿Cenizas calientes por árboles? ¿Aire caliente por brisa refrescante? ¿Confort frío por cambio? ¿Y canjeastes participar en parte de la guerra por un papel principal en una jaula?
Como desearía, Como desearía que estuvieses aquí. Somos solo dos almas perdidas, nadando en una pecera, año tras año Corriendo sobre el mismo viejo suelo. ¿Qué hemos encontrado? Los mismos viejos miedos Ojalá estuvieses aquí
Durante unos segundos la oyó respirar, deslizarse en el sueño, y cuando quiso darse cuenta estaban adheridos uno al otro como ventosas.Hicieron el amor casi dormidos,sin despegarse,frotándose con una ebria indolencia.Riminí ni siquiera estaba seguro de haberla penetrado.Acabó rápido, más rápido que ella, en todo caso y mientras lo sacudían las convulsiones tuvo la certeza, inexplicable pero muy convincente, de que esa ración de semen que expulsaba a ciegas, sin saber muy bien donde, era la última.Sintió un alivio inmenso, universal,como el que alguna vez había experimentado después de una tormenta salvaje, cuando la lluvia se detuvo y el estrépito del viento volvió a ser un murmullo suave y amigable. El pasado de Alan Pauls